Para seu conhecimento
Mostrando postagens com marcador Espanha. Mostrar todas as postagens
Mostrando postagens com marcador Espanha. Mostrar todas as postagens
MODA DE ESPANHA


Tú vete a Shangai, que yo me quedo en Madrid
Maya Hansen ( foto) y dos costureras bordan sus corsés en un taller de Madrid. Anjara García lleva tres años en Shangai, donde compra y produce en fábricas. Dos formas de diseñar con un mismo objetivo: hacerse un hueco en la moda

por Ana Marcos, Madrid
El diccionario de la moda, entre las etiquetas de joven diseñador y creador emergente, incluye seres reales que se sacuden el glamour aparente. Anjara García corretea descalza por un pequeño taller de Shangai, como una pieza más del engranaje de producción. Maya Hansen lucha desde un taller de Madrid por sacar los corsés de debajo de la ropa. Belén Barbero ha tenido que convertirse en 'cazareliquias' por el mundo para crear Beba's Closet. Diferentes opciones para consolidarse en el duro mundo de la moda. Las tres se verán las caras el próximo 17 de septiembre en las pasarelas Ego y Off, ambas de Cibeles.

Anjara García (Sevilla, 1980) se trasladó hace tres años a Shangai. "No sabía qué hacer con mi vida, si dejar la moda o continuar. Todo el mundo se venía a China, pedí un crédito en el banco para descubrir que había aquí", cuenta en conversación telefónica desde el país asiático. Allí encontró un pequeño taller y un sinfín de fábricas en las que producir otros tantos tejidos. "Hago un prêt-à-porter de alto nivel que en España no podría hacer. El que quiera ser algo en la moda tiene que venir aquí ya", dice en tono casi dogmático.

Las cifras ratifican sus palabras. La crisis internacional redujo en un 2,3% la salida de productos textiles de las fronteras españolas en 2009, según datos de la Federación española de Empresas de Confección (Fedecon). Aún así, como otros, Hansen y Barbero luchan contra las estadísticas y posibles mudanzas. "Es cierto que más de la mitad de mis ventas a través de Internet son en Inglaterra, Alemania, Estados Unidos y en Japón. Pero produzco aquí. Quiero apostar por producciones pequeñas y de calidad", cuenta Hansen (Madrid, 1978) en su taller del distrito de Villaverde, en la periferia de Madrid. Rodeada de corsés, en un espacio con reminiscencias del siglo XVIII que sirve de escaparate y atelier, reconoce que tras años de trabajo se ha hecho con un gran número de proveedores internacionales. "Lo que quiero conseguir es que en España crean que el corsé puede ser una prenda básica como pasa en Berlín o Londres", dice.

Belén Barbero, 32 años, representa el paso anterior. La madrileña guarda en su vestidor diseños tanto de colección como hechos por encargo que elabora, exclusivamente, en Madrid. Pero quiere abrir miras. Su objetivo para el año que viene es buscar proveedores y compradores en el exterior. "La alta costura sólo se puede hacer en Europa", dice Barbero en su pequeño estudio del céntrico barrio de Salamanca, muy acogedor. "Lo mismo sucede con la costura a medida. Hay que hacerla en casa para controlar todos los detalles".

Al día siguiente de la presentación de Maya Hansen en la pasada edición del Ego, con una colección inspirada en el Heavy Metal por petición de la presentadora Pilar Rubio, las visitas a su página web subieron de 300 a 1.000. Sus corsés no aparecieron en las revistas de moda de cabecera, pero sí en muchos de los blogs de tendencias que pueblan la red. "Estas páginas de Internet son un arma de doble filo", apostilla Belén Barbero, asidua también en este tipo de espacios, "al no formar parte del engranaje del sector, tienen tanta libertad que igual que te ayudan a darte a conocer, te pueden destruir".

"Cogía el teléfono y la frase más repetida era, 'me encantan los corsés y no sabía que se hacían en España'", recuerda. Esos reclamos tienen una respuesta de producción de 100 corsés al mes con la ayuda de dos personas en su taller de Villaverde y otras 11 en una fábrica externa, también en la capital. El precio medio ronda los 200 euros para unas piezas con un mínimo de trabajo de entre dos y tres días. "Cuanto más caro, más vendemos", sentencia Hansen. "Se considera una prenda exclusiva en la que invertir. Por eso el mundo no se acaba después de Cibeles". Además de las ventas a través de la red, con dos pases al año en Berlín y Londres consigue colocar el 30% de su producción. "Es lo que tiene España. Sales fuera y te empiezan a valorar".

Pese a la fuga de costuras, Belén Barbero confía al "100%" en el futuro de la moda en España. "Lo que pasa es que el modelo de negocio que impera no funciona", dice la diseñadora, que estudió Económicas. En cuatro años su empresa, de la que es dueña y diseñadora, patrón que se repite en el caso de las tres diseñadoras, no ha dejado de crecer. "La costura a medida, en mi caso, es una gran escuela y una forma estupenda de empezar, pese a la crisis. En precio puede ser similar a comprarte algo de una gran marca, pero la cliente sabe que esa prenda tiene un poquito de ella y la calidad", explica.

Tres formas de plantearse su producción y el futuro de su marca, con un decálogo que se repite: recoletos espacios en los que sudar la camiseta en compañía de tres o cuatro costureras; polivalencia profesional, ya sea como diseñadora, empresaria, representante de prensa, atención al cliente,...; proyecto viajero para conseguir reconocimiento; y ganas, muchas ganas, para conseguir la sonrisa al final del desfile.
www.elpais.com/

PERFIL - Memoria de una epoca

Leonor Watling actriz, música

"En España somos de extremos virulentos"

por Juan Cruz
29.08.2010

Leonor Watling tiene 35 años; los cumplió mientras hablábamos, el 28 de julio último, en los jardines del hotel Santo Mauro de Madrid. Es la última persona en esta serie de miradas. Empezamos con Elena Romo, comunista (marxista dijo ella que es ahora) de 95 años; Oriol Regàs, el creador de Bocaccio, fue el segundo, y tiene 76; Alfonso Guerra, diputado socialista de larga historia, fue el tercero, y tiene 70. Fernando Trueba, que fue el cuarto, tiene 55. Leonor, actriz, cantante, que a los 15 años salió de casa para empezar a hacer películas, es la más joven. Quisimos saber qué imágenes rondan su cabeza del tiempo que ya ha vivido en un país a cuya vida se enfrenta desde dos culturas: el inglés de su madre, el español de su padre.

Desde la sensibilidad británica, lo que le extrañaba a Leonor Ceballos Watling en la calle española eran los gritos. "Somos de extremos virulentos, y no necesariamente porque estemos enfadados". Ni enfadados ni seguros; este es un país, le parece a ella, en el que se produce "una enorme fluidez de emociones muy pasionales pero muy sueltas" que te permiten defender hoy una cosa y al día siguiente la contraria (o casi).

"En este país somos muy secos y muy pudorosos si nos comparamos con cualquier país latinoamericano". Ahí, en América, que es ahora su otro territorio (en América actúa con Marlango, su grupo; de Uruguay es Jorge Drexler, su compañero; el hijo de ambos es netamente hispanoinglésamericano...), se habla en las mesas de libros, de videoarte, de terapias alternativas, de botánica..., y aquí, viene a decir Leonor, "somos muy poco metafóricos; creo que hablamos de la actualidad de ahora y nos manejamos tan solo con el tiempo presente".

Es muy reflexiva, muy conversacional; la conocí hace 10 años, cuando hizo una lectura de Son de mar, de Manuel Vicent, en la Feria del Libro de Madrid; después fue, con Bigas Luna, la actriz de esa película. Entonces ya llevaba nueve años en el cine. Ha madurado la solidez de su conversación, que se basa, también, en el silencio, o en el susurro. De modo que cuando hablamos se para, estudia bien la cuestión que le has planteado, y no responde, sino que conversa.

"Conversar es entender. Para interpretar tienes que entender, y entender también aquello que ni te interesa ni quieres ser". Tienes que entender, por ejemplo, qué tiene en la cabeza una mujer que revienta un centro comercial (está hablando de un personaje de película); "el oficio se basa en eso, en entender".

Ella ha tenido la suerte "de crecer con dos culturas distintas", y a la cultura española no ha quedado más remedio que adaptarse: adaptarse a esa agresividad que está más en los códigos que en la realidad, "porque si lo miras de cerca, luego nadie es tan agresivo", al final suenan los besos y las palmadas de los abrazos; aquí hasta el afecto se produce gritando.

¿Y de dónde te sientes?, le pregunté. Respondió con una metáfora que una vez le dijo su colega Fito Páez en Buenos Aires. "Nos dijo Fito a mí y a mis compañeros Alejandro Pelayo y Óscar Ibarra: 'Vosotros sois exactamente el resultado de la cultura española peleada con España...'. No he terminado de digerir la metáfora, pero viene de un músico que yo respeto mucho...".

Marlango (el nombre suena; no quiere decir nada) canta en inglés, pero todo el mundo por ahí sabe que es una banda española, y a eso se refiere Fito Páez. Españoles "peleados" con España. "Una reacción no sé muy bien a qué".

A los cinco años, a Leonor Watling le gustaba hacer de todo; "venía de una familia muy académica", así que estaba marcada por la necesidad de estudiar una carrera. E hizo arte dramático. Predestinada, a los 15 años la llamó Pablo Llorca para hacer su primera película (Jardines colgantes)... Luego la siguieron llamando. "Salí de mi núcleo; de pronto era la pequeña que salía de casa y ya se encontraba como si fuera un adulto. La chica en casa, adulta fuera... Hubo cosas que tenía que haber aprendido a los 30 y que ya sabía a los 20, y al revés. Pero fui aprendiendo".

Eran los años de una noche diferente, la noche tremenda de Madrid (y de España) en la que se envolvió en seguida la joven Watling, casi una adolescente. Lo que se encontró en la noche fue, dice, "la mezcla"; no se desmadró nunca, "no soy de desmadrarme", y aún hoy sigue saliendo, o más bien entrando en casas donde se encuentran amigos a los que la noche les sigue susurrando lo que ya entonces susurraba lo que la vida susurra a ciertas horas: la sensación de que la vida es para toda la vida. Fue, por decirlo así, la noche en la que la generación de Leonor Watling sintió, sin que nadie se lo dijera, que era la generación de la plena libertad. De día y de noche.

En el trayecto que ahora la acerca a cierta madurez fue fundamental el tránsito por el universo de Almodóvar, con quien hizo Habla con ella y La mala educación en un momento crucial de su aprendizaje. "Él es supergeneroso; cuando alguien me pregunta en confianza cómo es Pedro, prefiero contarle algo que me ocurrió en la ceremonia de los Oscar, cuando él era la estrella y yo era un personaje molesto que no sabía dónde meterse. Pues entonces él me tomó de la mano, me llevó a los sitios, y se olvidó de que tenía que ocuparse primero de sí mismo. Esa parte de su dedicación me emocionó mucho; yo hubiera sido peor; a lo mejor si yo estoy en medio de aquella historia a él lo dejo a un lado y me dedico a mí misma...".

No parece que hubiera sucedido eso. Aunque los actores (como los artistas, escritores, pintores...) tienen el ego por el lado de la primera persona del singular, ella ya tiene la costumbre de los equipos. Marlango le ha dado mucho, y el cine le ha dado muchísimo también. "Y mucha gente que me he ido encontrando. Yo creo que le debo a todo el mundo. Mi sensación es todo lo contrario de la self-made-woman... Solo no puedes nada, nada".

Ahora estrena Lope, sobre Lope de Vega. "Una película de aventuras escrita por dos españoles, Ignacio del Moral y Jordi Gasull, dirigida por un brasileño, Andrucha Waddington". Ella es Isabel de Urbina; Pilar López de Ayala es Elena Osorio. Y en octubre rodará, con Mariano Barroso, Lo que sé de Eva. Y Marlango, claro, ahí está, es la música para la que ella vuela. Una última palabra sobre la crisis que ensombrece esta época que vive: "A veces viene bien pasarlo mal, porque si no te apoltronas". No le dije, al final, que, a pesar de su importante lado español, toda la conversación pareció un susurro.
www.elpais.com/

ESPANHA

“A transição se assentou num pacto
que agora não tem sentido"

La escritora Almudena Grandes cree que la Transición, institucionalmente, «representa un éxito sin precedentes» y dotó a España de la democracia «más sólida que ha tenido jamás», pero está convencida de que «se asentó en un pacto que treinta años después no tiene sentido».
03.08.2010

Grandes reflexiona sobre este período de la historia reciente de España al hablar de su nuevo libro, «Inés y la alegría», que se publicará dentro de un mes y es la primera entrega de una serie de seis novelas que la autora ha agrupado bajo el título de «Episodios de una guerra interminable».

Inspiradas en los «Episodios Nacionales» de Galdós, estas novelas recrean momentos significativos de la resistencia antifranquista, una lucha que luego facilitaría la transición a la democracia. «Yo creo que nosotros vivimos como en esa ficción de soberbia sobre la que se asentó la Transición, en la que resulta que este país se dotó a sí mismo de democracia por arte de birlibirloque, como si aquí no hubiera pasado nada antes», afirma esta escritora cuyas novelas están traducidas a numerosos idiomas.

En su opinión, la Transición empezó mucho antes de la muerte de Franco (en noviembre de 1975). «Probablemente, empezó en los años sesenta, y eso fue posible porque había gente que, arriesgando muchas cosas, había mantenido la memoria de que en este país había habido otra vida, de que había que luchar contra una dictadura».

La autora de «Las edades de Lulú» acepta que la generación que propició la Transición «hizo lo que tenía que hacer», pero no entiende «la resistencia numantina a admitir que, 35 años después, otra generación tenga derecho a hacer lo que honestamente cree que debe hacer», asegura la novelista.

Partidaria de cerrar de una vez por todas las heridas de la Guerra Civil y de la posguerra, Grandes afirma que esa resistencia quizá se deba a que «se insistió tanto en el argumento del miedo, en la necesidad de la moderación y en la de mantener a raya a los radicales, que se lo acabaron creyendo más allá de lo razonable».

Se debería aceptar que «las cosas pueden no hacerse bien del todo. Y es que los padres de la Constitución eran seres humanos, y digo yo que se equivocarían. Yo me equivoco todos los días», dice la escritora con su habitual franqueza. «Si el Parlamento español, solemnemente, en los años setenta, hubiera condenado el golpe de Franco, pues probablemente nos habríamos ahorrado todo este camino», señala la novelista, en alusión a las suspicacias que actualmente levanta en algunos sectores todo lo relacionado con la memoria histórica.
ABC